“¿Qué hacemos en China, Nacho?” : dos antiguos alumnos de Andel, a 10.600 km de casa

Ignacio Jiménez Alonso y Alejandro Rojas, antiguos alumnos de Andel, están viviendo unas semanas difíciles de resumir en Shanghái: universidad, emprendimiento, tecnología, nuevas amistades y alguna que otra aventura inesperada. Desde China, Nacho nos ha enviado un particular cuaderno de bitácora que cuenta mucho más que un viaje.

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Encuentro con estudiantes y jóvenes durante la experiencia en China

Hay una pregunta que Alejandro Rojas no ha dejado de repetir desde que aterrizó en Shanghái junto a Ignacio Jiménez Alonso, ambos antiguos alumnos de Andel: “¿Qué hacemos en China, Nacho?”

No la hace porque quiera volver a casa. Más bien todo lo contrario.

La pregunta aparece cada vez que él e Ignacio Jiménez Alonso —Nacho para los amigos— se encuentran haciendo algo que, unas semanas antes, difícilmente habrían imaginado. Y eso, por lo que cuentan, sucede bastante a menudo.

A más de 10.600 kilómetros de Madrid, estos dos antiguos alumnos de Andel están descubriendo una China en la que cada día parece traer algo nuevo.

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Dos semanas que parecen cuatro meses

En apenas unos días han pasado por algunos de los grandes encuentros tecnológicos del país, como S-Tron Shanghai y la Global Digital Trade Expo; han conocido proyectos y startups, asistido a sesiones con profesionales vinculados al ecosistema tecnológico y emprendedor chino y visto de cerca algunas de las innovaciones que están transformando el sector.

Entre ellas, robots boxeando y jugando al baloncesto. Y, en un terreno algo más práctico, unos auriculares con traducción simultánea que Nacho ya ha colocado entre las mejores compras de su vida.

Pero el viaje no está ocurriendo únicamente en aulas, ferias o encuentros profesionales.

También han recorrido de noche los rascacielos de Shanghái en bicicleta, aprendido sus primeras palabras —y canciones— en chino, compartido mesa con personas llegadas de distintos lugares y participado en la vida de la universidad y de la Comunidad Católica Hispanohablante.

Hasta han terminado enseñando sevillanas durante el welcome day del campus sino-hispánico.

“En dos semanas en Shanghái se vive lo que en España en cuatro meses”, resume Nacho.

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De Shanghái a Hangzhou… con tifón incluido

El viaje también les ha llevado fuera de Shanghái.

En Hangzhou, a una hora en tren bala, pudieron conocer el West Lake y vivir una experiencia que probablemente no figuraba en ningún programa: su primer tifón.

La lluvia llegó con tal intensidad que tuvieron que buscar dónde resguardarse mientras descubrían, de una manera bastante literal, otra cara de China.

Y entre tanta novedad también hay cosas más sencillas: cenas improvisadas, mucho pato, muchísimo arroz y conversaciones con personas que hace unas semanas eran completos desconocidos.

Precisamente ahí está una de las ideas que más se repite en el relato de Nacho. Más allá de los lugares o de la tecnología, el viaje está siendo una oportunidad para conocer, preguntar, probar y decir que sí a experiencias nuevas.

“Aquí a la pregunta ‘oye, ¿hacemos…?’ se responde ‘SÍ’ antes de dejar terminar la frase”.

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Nacho Jimenez en West Lake (Hangzhou)

Dos alumnos de Andel descubriendo China

Cuando Nacho mira atrás, reconoce que hace solo un año le habría parecido disparatado imaginarse viviendo algo así.

Ahora la pregunta de Alex empieza a tener otra respuesta.

“¿Qué hacemos en China, Nacho?”

Aprender. Conocer gente. Trabajar. Equivocarse. Descubrir otra cultura. Salir de lo conocido. Y acumular historias que seguramente seguirán contando cuando regresen a casa.

Porque la vida de Andel también continúa mucho después de salir por última vez de sus aulas. Los caminos de nuestros antiguos alumnos llevan hoy a universidades, empresas, proyectos y lugares muy distintos del mundo. A veces, incluso a más de 10.000 kilómetros del colegio.

Nacho termina su particular cuaderno de bitácora con una certeza: “Aún me queda mucho por hacer en China”.

Así que habrá que esperar al siguiente capítulo.

 

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