Hay etapas que no se recuerdan solo por los resultados, sino por la huella que dejan en las personas. La de Carlos Ulecia al frente de Colegio Andel, durante estos últimos seis años, ha sido una de ellas.
Carlos cierra estos días su etapa como director del colegio. Lo hace después de años de trabajo, proyectos compartidos, logros académicos y deportivos, y una presencia diaria que muchas familias, alumnos y profesores recordarán con cariño: en la entrada, en los pasillos, en el trato personal, en la sonrisa y en esa atención al detalle tan propia de quien entiende la educación como un servicio.
Andel quiere agradecerle su entrega y dejar constancia de una etapa que forma ya parte de la historia reciente del colegio.


Carlos Ulecia y una forma cercana de dirigir
Durante estos seis años, Andel ha vivido muchos motivos de alegría. El crecimiento del colegio, el alto nivel de inglés, los buenos resultados en el acceso a la universidad, las competiciones deportivas, los proyectos educativos y tantas iniciativas compartidas forman parte de una etapa que el colegio recuerda con agradecimiento.
Pero, por encima de los logros visibles, hay algo que muchas familias, alumnos y profesores han reconocido de forma especial: el ambiente familiar que Carlos ha sabido cuidar.
Su forma de dirigir ha estado muy unida a una idea sencilla y profunda: estar cerca de las personas. Conocer a las familias, escuchar, acompañar, corregir cuando hacía falta y cuidar esa atención personalizada que permite que cada alumno se sienta mirado de verdad.
Quienes han compartido estos años con él recuerdan bien esa mezcla de cercanía y exigencia tan propia de un educador: una palabra al comenzar la mañana, una despedida al final del día, una conversación con una familia, una corrección hecha con cariño o ese “ponte bien la corbata” que tantos alumnos han escuchado como parte natural de la vida de Andel.

Familias y colegio, de la mano
Uno de los rasgos más reconocibles de la etapa de Carlos ha sido su preocupación por las familias. En Andel, la relación entre familias y colegio no se entiende como algo secundario, sino como una parte esencial de la tarea educativa.
Los padres son los primeros educadores, y el colegio acompaña esa tarea de la mano de ellos. Carlos ha vivido esa convicción de forma muy directa, con una preocupación constante por atender mejor, coordinar mejor y servir mejor.
Esa atención cercana ha ayudado a fortalecer la confianza entre el colegio y las familias, especialmente en momentos importantes de la vida escolar de los alumnos. Cada familia debía sentirse conocida, escuchada y atendida de manera personal.

Un proyecto compartido con Fuenllana
También durante su etapa se han estrechado los lazos con Fuenllana, colegio con el que Andel comparte proyecto educativo. Carlos ha impulsado esa relación desde una mirada práctica y familiar: trabajar mejor juntos para poder servir mejor a las familias.
Esa coordinación ha ayudado a reforzar iniciativas comunes, cuidar mejor los detalles y consolidar un proyecto compartido que mantiene la identidad propia de cada centro, pero que nace de una misma visión educativa.
A Carlos le gusta decir que Andel —y también Fuenllana— es “el mejor colegio del mundo”. Quienes le han escuchado saben que no lo dice por orgullo vacío, sino por el cariño que tiene a sus alumnos, a sus familias, a los profesores y a todas las personas que hacen posible la vida del colegio.
Para él, Andel es grande porque cuenta con familias leales, profesores comprometidos, alumnos con ganas de crecer y una tarea educativa que merece cada esfuerzo.
Educar como servicio
En el fondo de estos años hay una idea que ayuda a entender bien su paso por Andel: Carlos ha concebido la dirección del colegio como un servicio.
Un servicio a los alumnos, a las familias, a los profesores y al proyecto educativo de Andel. Un servicio vivido desde la fe, con amor a Jesucristo y a la Iglesia, y con la conciencia de que educar es una tarea profundamente humana.
Por eso, esta despedida no es solo el cierre de una etapa profesional. Es también el agradecimiento a una forma de estar en el colegio: con disponibilidad, con exigencia, con alegría y con una mirada siempre puesta en las personas.
Gracias, Carlos, por estos seis años al frente de Andel.
Gracias por tu cercanía, por tu entrega y por el servicio que has prestado a tantas familias.
Esta siempre será tu casa.



