Primer día. Retomando las tradiciones… con alguna novedad.

Como cada año, en la semana siguiente a la fiesta del Pilar volvemos a caminar por tierras gallegas, con la vista puesta en el abrazo al apóstol.

Hoy lunes ha sido nuestro primer día y, como todos esperábamos (al menos todos los que ya hemos vivido está experiencia), hemos revivido muchas de las tradiciones que acompañan a este inolvidable viaje: los nervios de la salida, los olvidos de última hora que siempre se resuelven de alguna manera («¡el chubasquero!, ¡la toalla!…»), la petición de película en el autobús…

Pero también ha habido novedades: hemos comenzado con Santa Misa en Andel, antes de iniciar el viaje en autobús, y al finalizar la celebración, don José María nos impartió la bendición de viaje, para garantizarnos un trayecto seguro.

Llegados a Sarria, volvieron las tradiciones: cielo encapotado inicialmente y, a lo largo de la jornada, la típica mezcla gallega de sol y lluvia, que no te deja decidir si ponerte el poncho o las gafas de sol… y terminas llevando ambos accesorios a la vez.

Kilómetro tras kilómetro hemos devorado el camino hasta llegar a Portomarín, disfrutando de los paisajes gallegos y, casi al final, de la espléndida vista del pueblo de destino que se ofrece al peregrino desde la Ribera del Miño.

Y para rematar las tradiciones, opípara cena en el Mesón de Rodríguez, y a dormir para recuperar fuerzas. Y mañana, más.

 

Segundo día: caminando sobre mojado.

No, no es que nos haya llovido mucho: muchas nubes, algún claro, pero prácticamente sin lluvia. Me refiero a que hemos caminado 24 kilómetros después de los 22 de ayer. Y, en teoría, eso debería notarse… pero nuestros chicos están hechos de otra pasta: mientras escribimos esta crónica, finalizada la jornada, la mitad de ellos se están dejando la piel en un partido de futbito…

El día comenzó como siempre con la Santa Misa, en la Parroquia de Santiago de Portomarín, seguida con recogimiento por todo el grupo. Después, desayuno en De Rodríguez, que nos suministró las bolsas de comida, y a caminar.

Como ya se ha dicho, apenas ha llovido hoy: ya lo había vaticinado con absoluta seguridad don Antonio en la cena de ayer: «Mañana no lloverá (sic)», a pesar de las caras de extrañeza de algunos incrédulos, que le obligaron a añadir al pronóstico un «a pesar de lo cuál, hay que llevar chubasquero».

A lo largo del camino el coche de apoyo ha ido animando y avituallando a los peregrinos. Y al final de la jornada las expertas manos de don Jorge han reparado los golpes del día para que mañana estemos todos de nuevo en perfectas condiciones.

 

Tercer día: avanzando a pesar de las adversidades.

Hoy hemos conocido la cara más sacrificada del Camino: caminar horas y horas bajo la intensa lluvia gallega. Para no generar temores, os adelanto ya que todos hemos llegado a Arzúa sanos y salvos.

Nos ha ayudado a superar la jornada el abundante desayuno que hemos degustado en el restaurante La Cabaña, en Palas de Rei. En la parroquia de San Tirso hemos asistido a la Santa Misa, sólo para nuestro grupo. Antes de comenzar a caminar nos hemos hecho la tradicional foto de grupo en la escalera de acceso a la iglesia.

Durante la primera parte de la jornada nos ha acompañado una suave llovizna. Pero poco después del avituallamiento, el cielo gallego se ha quedado a gusto jarreando. Durante la segunda mitad de la jornada hemos puesto a prueba todos los goretexes, waterproofes y nonaquas que habíamos comprado antes de venir. Y algunos han funcionado…

A pesar de todo, a la hora prevista todos estábamos en nuestro albergue. La tarde ha transcurrido entre lecturas, juegos. Por la noche, durante la cena, hemos celebrado y cantado a Pelayo, que hoy cumplía trece años. Y rápidamente, a descansar, pensando en la etapa reina de mañana.

 

Cuarto día: ¡»Hemos venido a jugar»!

Algunos recordaréis que eso era lo que decían los participantes en un famoso concurso televisivo cuando, en el tramo final del programa, les ofrecían elegir entre un premio resultón o arriesgarse en un juego al todo o nada.

Pues bien, esta mañana, después de la épica de ayer, los peregrinos se han enfrentado a una decisión similar: optar entre ahorrarse unos kilómetros (gracias al autobús), o hacer la etapa reina completa, 36 kilómetros. Y no han sido pocos los que han aceptado el reto de no dejar un metro sin recorrer.

Para adelantar el horario hemos asistido a la Santa Misa en el propio albergue, y nos hemos dirigido a O Furancho que, de momento (a falta de la valoración de cena de hoy y desayuno de mañana), se alza con el primer puesto provisional en la improvisada competición gastronómica organizada por los peregrinos. Y, tras recargar fuerzas, al tajo.

La climatología ha sido benigna: algo de llovizna al comienzo de la jornada, tiempo seco el resto del día. La ausencia de lluvia y de calor ha permitido a algunos peregrinos mantener ritmos inimaginables a estas alturas del Camino.

A las 17.15 los pioneros hacían su entrada en el albergue Fin del Camino, y en las siguientes horas ha ido llegando el resto, hasta completar el número de los elegidos, que han sido todos, independientemente de que hayan optado o no por el recorrido completo.

Esta noche, a dormir pensando en que mañana remataremos el trabajo abrazando al Apóstol.

 

Quinto día: las lecciones del Camino

1. Todo lo que vale la pena requiere esfuerzo.
2. Incluso los momentos más duros se dejan atrás.
3. Cada peregrino tiene su ritmo.
4. Para recorrer el Camino es necesario no parar y seguir las señales.
5. «Si quieres caminar rápido, ve sólo; si quieres llegar lejos, ve acompañado».

Ojalá apliquemos estás lecciones a nuestra vida. Enhorabuena a todos los peregrinos.

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